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25 de Julio, 2008

Las energías renovables son la solución, pero faltan incentivos.

Los especialistas aseguran que es la salida a largo plazo de las carencias nacionales. En los países de punta ya representan más del 10% de la energía que se genera. Aquí existe la tecnología, pero no puede competir por los enormes subsidios que otorga el Estado al sector eléctrico convencional: este año treparán a $ 15.000 millones. Cómo se trabaja en La Plata para aprovechar los recursos renovables.


En un futuro cercano, los edificios obtendrán la calefacción y el agua caliente de colectores y termotanques solares. Parte de la energía eléctrica provendrá de las granjas eólicas insta-ladas en la Patagonia, que aprovecharán la fuerza y constancia de los vientos. Puertas afueras, nadie recordará las densas humaredas de los caños de escape de los autos, ahora impulsados por hidrógeno. En la costa atlántica, las industrias usarán las mareas para abastecerse de energía mediante turbinas mareomotrices, mientras que en las zonas de aguas termales las poblaciones se abastecerán gracias a las centrales geotérmicas que se alimentan con el calor de la propia Tierra.La anterior no es una descripción sacada de un libro de ciencia ficción. De hecho, todas esas tecnologías ya existen. El futuro será de las energías reno-vables, o no será. Y no sólo por una cuestión ecológica, sino también -y fundamentalmente- económica.

Los tiempos de la energía fósil abundante y barata se acabaron definitivamente. El planeta tiene reservas comprobadas de petróleo para 40 años y de gas natural para 60. Más allá de ese período, todo es incertidumbre. Con una perspectiva inmediata de escasez de la oferta y aumento de la demanda -sobre todo con la explosión de consumo en India y China-, los precios de los combustibles fósiles, que hoy ya están en sus máximos históricos, aumentarán aún más.

Por eso, los principales países se están preparando para la transición desde las energías fósiles a las hoy llamadas “alternativas”. La Unión Europea se ha planteado que para 2020 el 20% de la energía producida por el bloque provenga de fuentes renovables.

A la cabeza marcha Alemania, que obtiene más del 10% de su energía de esta manera, y que actualmente es el líder mundial en generación eólica, con 22.247 megawatts (MW) de capacidad instalada. Además, se encuentra construyendo en Leipzig lo que será la mayor planta solar del mundo, capaz de suministrar energía a más de 10 mil hogares (Ver España y Alemania…).

Hay que empezar ya

En la Argentina, en cambio, hablar de energías alternativas sigue siendo casi una excentricidad, pese al presente de carencias que constantemente amenazan con convertirse en crisis. Las reservas comprobadas de petróleo y gas, así como su producción, están en continua disminución. De hecho, el país ya está importando gasoil y gas.

La situación del sector eléctrico no es mejor. El lunes 23 de junio, una jornada fría donde además se normalizaron las actividades tras el paro del campo y de los transportistas, la demanda eléctrica trepó al récord histórico de 19.126 MW. El sistema logró mantenerse gracias a que desde Brasil se importaron 960 MW de electricidad y, según los trascendidos, a que desde el Gobierno llamaron a las industrias más importantes para que redujeran su consumo y así asegurar el suministro a los hogares.

En el corto plazo, la única opción es importar. Luego de años de falta de inversiones en el sector, las obras de infraestructura que está realizando el Gobierno sólo alcanzan para acompañar la demanda, que sigue creciendo pese a la desaceleración de la economía. En el mediano y largo plazo, hay que pensar en verde.

“La opción para solucionar el problema de la electricidad es la energía nuclear o las renovables, en especial la eólica y la solar. Para los combustibles, el reemplazo es el hidrógeno. Ya estamos en período crítico”, explica Walter Triaca, investigador del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (Inifta) de la UNLP, que trabaja en tecnologías del hidrógeno. “Pero si queremos empezar a desarrollar nuevas alternativas tenemos que arrancar hoy, no podemos esperar siquiera hasta mañana”, advierte.

“Hoy en Argentina la participación de las energías renovables es de menos del 1%, mientras que en los países de punta supera el 10%”, señala Nora Nichio, investigadora del Centro de Investigación y Desarrollo en Ciencias Aplicadas (Cindeca) de la UNLP, que también trabaja con hidrógeno, una alternativa que “no está planteada como único reemplazo, pero puede contribuir a diversificar la matriz energética para hacer frente a la falta de reservas fósiles”, explica.

Triaca imagina un escenario futuro donde “en la matriz energética se van a ir reemplazando las fuentes fósiles por energía nuclear y renovables. Vamos a tener un período de transición de 30 o 40 años donde coexistirán las fósiles con las reno-vables, y donde progresivamente la participación de las renovables va a ser mayor, porque se espera que se acabe el petróleo”.

Para que el país comience la transición hacia las energías renovables hace falta decisión política. El problema es, fundamentalmente, de costos. El petróleo, el gas y la electricidad se encuentran fuertemente subsidiados para mantener bajas las tarifas (Ver La encrucijada…) y no existen incentivos ni leyes para fomentar la instalación de granjas eólicas, colectores solares o dispositivos similares.

La traba de las subvenciones

“Nadie quiere comprar un termotanque solar si el gas lo tiene regalado”, grafica el ingeniero Luis Wallace, especialista en energía solar. “Con el petróleo a menos de un tercio de lo que vale en el mundo tampoco se puede competir, cuando los productos importados que se necesitan para armar un dispositivo de energía solar no están subvencionados”, agrega.

En el caso de la energía generada por el viento ocurre algo similar. “No tenemos granjas eólicas por cuestiones económicas. No es por falta de vientos, porque los patagónicos son los mejores del mundo”, sostiene Ana Scarabino, del departamento de Aeronáutica de la Facultad de Ingeniería, que participa en el desarrollo de un generador eólico. “Como las tarifas de la energía eléctrica están congeladas desde hace años, invertir en eólica no es rentable. Hoy el MW/hora se paga 32 dólares, y para que la energía eólica sea rentable debería estar en 110 dólares, o darle a la eólica subsidios equivalentes”, explica.

En la Argentina la tecnología está. En distintos grados de desarrollo, pero está. Existe una veintena de pequeñas industrias que fabrican termotanques solares, dispositivos que cuestan unos $ 4.500, pero que en un hogar permiten ahorrar un metro cúbico de gas por día. “Parece poco, pero si en el país tuviésemos 50 mil equipos instalados, ahorraríamos 50 mil metros cúbicos de gas por día”, afirma Wallace. En cuanto a los dispositivos fotovoltaicos -para generar electricidad a partir de la energía solar-, las celdas indivi-duales se importan y se arman en el país.

En el tema hidrógeno, “existen una decena de grupos nacionales trabajando en generación, purificación y almacenamiento -cuenta Nichio-. Desde hace un par de años estos grupos están conectados entre sí y trabajan en colaboración debido a la creación de redes temáticas a nivel Iberoamérica y Mercosur”.

Vientos de cambio

También hay tecnología para aprovechar los vientos. En Mendoza, Impsa desarrolló una turbina con capacidad para generar 1,5 MW, que está a la altura de las que se utilizan en España o Alemania. La empresa tiene contratos para exportar a Brasil, que en esto también hace punta: con una legislación que subvenciona la instalación de nuevos emprendimientos (el Programa de incentivo a las fuentes alternativas de energía eléctrica), posee una capacidad instalada de 287 MW.

Nuestro país, en tanto, genera 29 MW, aunque tiene una capacidad potencial de más de 10.000 MW, que bastarían para abastecer la mitad de la demanda eléctrica actual. “Si se toma la decisión política, una granja eólica en la Patagonia, con turbinas desarrolladas en el país, se puede hacer en 7 u 8 años”, asegura Scarabino.

Triaca va más allá y sostiene que “no es un problema de costos, sino de decisiones políticas. Con el barril de petróleo a 150 dólares y en ascenso, las tecnologías del hidrógeno ya son competitivas”.

En el fondo de la cuestión, entonces, se encuentra lo que los especialistas en el tema energético han señalado en reite-radas ocasiones: la ausencia de una planificación a largo plazo que defina a la energía como una cuestión de Estado. Triaca remarca que “los organismos nacionales de ciencia y técnica son concientes de los problemas y dan apoyo, pero en última instancia las decisiones importantes se toman en niveles superiores. Para poder dar el salto, es imperioso que en el tema energético haya una política de Estado”.

Fabricio Dietrich
Diario Hoy



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