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19 de Julio, 2006

Petróleo, clima y renovables: Nuevos “records” en una crisis histórica.

Juan Carlos Villalonga - GreenpeacePor Juan Carlos Villalonga
Director Político de Greenpeace Argentina.
Miembro del Consejo Consultivo de EnergíasLimpias.org

La reciente suba en los precios del petróleo que volvió a colocarlo en niveles inéditos sigue consolidando una situación de suba permanente en el precio de los combustibles fósiles que ya no encuentra explicación coyuntural alguna, se trata de una suba estructural del precio. El petróleo es y será cada vez más caro. Así lo confirman la inmensa mayoría de los especialistas y ya nadie augura períodos de energía barata.

Así lo confirman la inmensa mayoría de los especialistas y ya nadie augura períodos de energía barata. Al mismo tiempo, la suba de las temperaturas globales producto del cambio climático mostró que el año 2005 ha sido el más caliente de que se tenga registro.Sin embargo, una señal esperanzadora, dentro de una encrucijada sin igual, nos indica que la energía eólica registró durante el 2005 un nuevo crecimiento record y continúa siendo la fuente energética que más rápido crece a escala global.

La situación energética a escala global es un desafío mayúsculo. Si observamos la situación a escala regional veremos también que los próximos años serán turbulentos y Argentina no estará exenta de esa conflictiva coyuntura en lo años venideros.

El horizonte de reservas de hidrocarburos presenta ya señales preocupantes en diferentes partes del mundo. En Argentina, ese horizonte coloca en menos de 10 años la disponibilidad de gas y petróleo. Nunca antes ese horizonte fue tan bajo en nuestro país. Si bien esta situación obedece en buena medida a la falta de esfuerzos exploratorios durante los últimos años, la verdad es que nadie espera que se produzcan sorpresas en ese terreno. No se esperan grandes hallazgos y lo que se encuentre, seguramente, será caro de extraer.

A escala global ha dejado de ser un dato escondido y subestimado que nos estamos acercando de manera inexorable a lo que se ha denominado como el “peak oil”, el momento de máxima extracción de petróleo, luego del cual la extracción de petróleo comenzará a declinar progresivamente. Este declive, obviamente, será acompañado por una suba imparable de los precios acorde a la creciente restricción en la disponibilidad de ese recurso.

Los actuales precios del petróleo, rozando los 70 dólares el barril, muestran que la suba es firme en su ascenso y no cabe esperar otro comportamiento que la suba permanente. Son varios los que pronostican un barril de 100 dólares en los próximos diez años. Los tiempos de la energía barata se han ido y vivimos un momento histórico. Si bien la disponibilidad de petróleo y gas no provocará cortes en el suministro, sus precios marcaran a fuego las próximas décadas. Vivimos ahora un tiempo que podríamos haber previsto y haber generado mejores condiciones para enfrentarlo. Sin embargo, las grandes corporaciones de la energía y los poderes más influyentes sobre la tierra nos hicieron vivir durante todo el siglo pasado en un sueño que pretendió ignorar los límites del recurso fósil y sus impactos ambientales.

No sólo los precios del petróleo nos muestran ahora la falsedad del sueño de la energía fósil infinita. Durante el año 2005 se registró un nuevo record de las temperaturas globales consolidando una peligrosa tendencia en el calentamiento global de la tierra. El aumento de las temperaturas debido al aumento del efecto invernadero tiene su origen en la mayor presencia de gases que provocan ese fenómeno en la atmósfera. El principal gas que provoca el calentamiento global es producto directo de la quema de los combustibles fósiles, el dióxido de carbono.

Los cuatro años más cálidos que se hayan registrado se ubican desde 1998 hasta ahora. El cambio climático representa el mayor desafío global en materia ambiental y para el desarrollo social. Desafío que enfrentaremos, bien o mal, durante este siglo. No hay dudas ya que el cambio climático se traducirá en mayores catástrofes climáticas y será un período crítico para los ecosistemas y las economías en cada región del planeta.

La suba de los precios del petróleo y la imparable suba de las temperaturas de la Tierra deberían producir un salto significativo en la comprensión de la encrucijada energética que atravesamos. Es urgente e imprescindible producir un cambio total en la actividad energética pasando de la altísima dependencia de los combustibles fósiles actual a fuentes de energías limpias y renovables. Más del 80% de la energía que consume el mundo proviene de combustibles fósiles. El diagnóstico del problema es claro y lo es también el camino a seguir. Lo complejo es superar las barreras políticas y el entramado de intereses que sostiene el actual negocio energético.

Ante el dilema evidente de tener que producir cambios a la actual dependencia del petróleo aparecen falsas opciones como la que se propone relanzar una fracasada opción como lo es la energía nuclear. Más de cincuenta años de subsidios y apoyos gubernamentales no han hecho de esa tecnología una opción confiable y segura ni tampoco han logrado transformarla en una alternativa económicamente competitiva.

La opción nuclear es un claro ejemplo de querer buscar soluciones dentro de un concepto energético obsoleto. La energía nuclear sigue siendo cara, peligrosa, con múltiples problemas irresueltos y con una conexión permanente e inocultable con los desarrollos bélicos. Buscar una solución en ella es generar un problema mayor aún.

Las verdaderas opciones son múltiples y están al alcance de la mano. Se necesita una fuerte convicción política para superar un paradigma energético que es verdaderamente poderoso al tratar de auto-perpetuarse.

En el campo de las soluciones posibles también tenemos algunos “records” que no deben ser ignorados por quienes adoptan decisiones en esta materia. Durante el 2005 se registró un nuevo record en las ventas e instalaciones de generadores de energía eólica. La energía eólica continúa siendo la tecnología energética que crece con mayor rapidez a nivel mundial. Su desarrollo explosivo muestra ya una madurez industrial notable y su potencial global es extraordinario y a precios que resultan competitivos. Si dejáramos de subsidiar a las energías sucias como los combustibles fósiles o la nuclear, la energía eólica sería la opción más barata para producir electricidad.

Con una potencia global instalada de más de 60.000 MW de potencia, la energía eólica mostró un crecimiento anual promedio del 26% durante los últimos 5 años. En este contexto resulta inexplicable la demora y pereza que muestra la política energética argentina para aprovechar el inmenso potencial del que disponemos.

El desarrollo de otras tecnologías como la solar, los biocombustibles, la eficiencia, las tecnologías del hidrógeno, son parte de un paquete de soluciones que espera las decisiones adecuadas de parte de los gobiernos. Lamentablemente, sobre éstos operan fuertes intereses que representan el poder económico y político que surge del dominio de yacimientos fósiles y el dominio de la tecnología nuclear. Basta ver los diarios de estas semanas para comprender las tensiones y conflictos internacionales generados alrededor del petróleo y del uranio.



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