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17 de Marzo, 2008

Falta gas pero sobra energía.

casasolar.gifPablo Bertinat / Juan Salerno,
Taller Ecologista / Docentes UTN

Hemos asistido en estos últimos días, a partir de las reuniones de nuestra presidenta con los respectivos presidentes de Brasil y Bolivia, a un debate sobre la disponibilidad o no de gas boliviano para nuestro país.

Este debate nos muestra algunas caras de la problemática, entre ellas se revela la idea de que se profundizará la crisis a partir del incremento de nuestra dependencia de los combustibles fósiles, en este caso gas. Argentina está extinguiendo sus reservas y necesitará importar cada día más. Desde 2001 a la fecha las reservas de gas de nuestro país cayeron un 40%.

Veamos también algunos otros datos, para tratar de explorar alternativas posibles a las políticas vigentes, a lo cual tanto se niegan nuestros decisores políticos.

En el 2006 el gas importado de Bolivia representó el 3,4% de la oferta total de gas de que dispuso nuestro país y un 3,9 % de la oferta interna total.

Si observamos además en qué se usa el gas en Argentina, veríamos que el 48% del total se destina a la industria y un 30 % al sector residencial.

Ahora, para dar un ejemplo que explique porqué decimos que energía sobra, hace falta mirar la realidad y no sólo los negocios.

De los dos sectores mencionados arriba, el gobierno eligió privilegiar y asegurar el abastecimiento a los hogares, cortando en momentos de crisis el suministro a las grandes empresas, una decisión a la vez técnicamente posible, políticamente adecuada y socialmente razonable.

Por eso, concentrémonos en el sector residencial. El mismo consume el 30% del total del gas en el país. Cuando exploramos cómo se estructuran los consumos energéticos residenciales, podemos observar que aproximadamente el 25% de la energía usada en los hogares se destina al calentamiento de agua.

Haciendo cuentas rápidas, esto significa (el 25% del 30%) que el 7,5% del gas que se utiliza en Argentina es para el calentamiento de agua.

¿Se podrá hacer de otra manera? ¿Debemos seguir dependiendo de ese gas?

Si nos planteáramos utilizar el sol para calentar sólo la mitad del agua caliente de los hogares del país no haría falta importar el gas que hoy llega de Bolivia.

Estamos hablando de instalar masivamente colectores solares en los hogares, mediante los cuales se demostró ampliamente que es posible calentar el agua de uso sanitario hasta los niveles de temperatura de consumo, de modo que el gas requerido sea ínfimo o incluso nulo.

¿Es esto posible? Cientos y miles de experiencia acreditan que es totalmente viable. Recientemente, decenas de ciudades brasileñas aprobaron ordenanzas impulsando la incorporación de colectores solares para calentar agua en sus ciudades. Debemos también mencionar aquí, que en Rosario se presentó un proyecto de ordenanza similar, en el año 2005 y que se encuentra en algún lugar del concejo deliberante, a la espera de ser aprobado.

Ante este tipo de propuestas, muchas veces se anteponen argumentos económicos, sin embargo, no se ha discutido el hecho de que se está licitando en estos días un gasoducto (el GNEA, en el noreste argentino) que sería financiado totalmente por nuestro estado, a un costo estimado de 1880 millones de dólares para traer ese gas desde Bolivia, que no sabemos si estará disponible, y que tal vez no haga falta.

Ese monto alcanzaría posiblemente para incorporar colectores solares en casi 2.000.000 hogares argentinos.

Esto, si sólo se contempla el costo del gasoducto. Es decir, sin contar del costo del gas que compraríamos luego a través de él, y que debiéramos aclarar, se está pagando a Bolivia a un valor por metro cúbico más de cinco veces y media mayor al que pagamos en nuestros hogares por el gas natural, diferencia que sale del presupuesto nacional o sea de todos nosotros.

Pero además podríamos contar otros beneficios adicionales, como ser que los equipos podrían fabricarse en nuestro país, que esto generaría empleo, que haría falta desarrollar instaladores, mantenimiento etc., todo ello redundando en la posibilidad de generar empleo local.

Entonces, ¿falta gas?, sí, claro que falta. ¿Sobra energía?, sí, sobra energía del sol que no estamos aprovechando fundamentalmente por las anteojeras de querer resolver un problema con la misma lógica que lo causó.

Es necesario tomar medidas ya, no se trata sólo de un gasoducto si o no, se trata de pensar en la sustentabilidad de largo plazo, de poder construir un modelo de ciudad y de país, un modelo de consumo que garantice esa viabilidad en el largo plazo, que al mismo tiempo aporte en la lucha contra el cambio climático (al reducir las emisiones causadas por el uso del gas) y que permita desarrollar valores locales para resolverlo.

Pocas y felices veces una propuesta de solución a un problema puede además generar beneficios en otros terrenos, dar respuesta a otros problemas. Esta es una de ellas.

Sin duda, estas cosas se pueden y se deben decidir hoy, existe la madurez tecnológica, económica y social para hacerlo, sólo se necesita de un plan sostenido para generar otra realidad energética.

www.taller.org.ar



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