Cambio Climático: debemos aprovechar el pequeño margen de maniobra disponible.
Juan Carlos VillalongaDirector Político
Greenpeace Argentina
Enero 2007
El inicio de un nuevo año nos brinda una oportunidad para revisar y destacar aquellos datos que marcan algunas de las tendencias que son representativas del momento crucial de la historia por el que estamos atravesando. Sin pretender hacer un examen exhaustivo de la situación energética y ambiental del planeta, vale poner la atención en dos parámetros representativos en esta materia.
En primer lugar, nuevamente podemos corroborar el ascenso imparable de la curva de temperaturas globales. Los datos preliminares indican que el año 2006 se ubicará como el sexto registro promedio de más altas temperaturas desde que se miden las mismas.
La curva ascendente de temperaturas registra su pico máximo en el 2005 y el segundo registro se ubica en el año 1998. Los 10 años más calurosos se registraron en los últimos 12 años. Los datos definitivos del año 2006 se conocerán en los primeros meses de este año pero la tendencia es clara. En materia de pronósticos ya existen predicciones que señalan que el 2007 marcará un nuevo record superando muy probablemente la marca del año 2005. Mientras las temperaturas aumentan se incrementan los signos de un mundo que ha comenzado a ser otro, como es el caso de la reducción del hielo perenne del Artico en un 14% entre 2004 y 2005, unos 720.000 kilómetros cuadrados.
Mientras esto ocurre y nos deslizamos hacia una situación climática que cada vez más pone en peligro ecosistemas, economías y poblaciones de todo el planeta existen algunas señales de reacción que permiten sostener que todavía es factible pensar en aprovechar el escaso margen de maniobra que aún tenemos. Contamos con apenas poco más de 15 años para cambiar la tendencia y lograr que el cambio climático no produzca una suba de la temperatura global mayor a 2°C, un límite algo arbitrario pero que delimita un nivel de deterioro extremo que deberíamos comprometernos a no alcanzar.
Una de las señales positivas nos la brinda nuevamente el desarrollo de la energía eólica a escala global. Con una previsión de crecimiento para el año 2006 que la llevaría a alcanzar los 72.500 MW de potencia instalada todo parece indicar que esa cifra será superada a juzgar por los valores preliminares que llegan de los principales mercados.
Esa capacidad instalada representaría un incremento del 22% durante el año 2006. La energía eólica continúa siendo la fuente energética de más rápido crecimiento anual. Mantiene así su ritmo de expansión de los últimos años y su curva de potencia instalada está dentro de lo esperado aún para los pronósticos más optimistas. Para que esto se produzca dos factores lo hacen posible, uno es la decidida aplicación de programas gubernamentales que bajo diferentes esquemas van creando las condiciones de mercado para el desarrollo de las inversiones. Todavía estos programas se concentran en un grupo reducido de países, aunque en crecimiento. El otro factor es la permanente innovación y mejora en los rendimientos y costos de los equipos eólicos. Una industria madura que brinda respuestas allí donde el mercado energético brinda las condiciones mínimas para su desarrollo.
Este crecimiento, si bien no alcanza por si solo para neutralizar nuestra dependencia de los combustibles fósiles y sus consecuencias ambientales, permite pensar en todo lo que es posible hacer y que, por ejemplo, aún estamos lejos de concretar en Argentina a pesar de nuestro inmenso potencial.
A escala regional es elocuente observar que la participación de las fuentes renovables en su conjunto muestra una tendencia negativa en los últimos años ubicándose en un 24,8% para el año 2004. Ese porcentual de energías renovables para la región de América Latina y el Caribe elaborado por la CEPAL contabiliza entre dichas fuentes a la energía hidroeléctrica en todo su tipo y escala, lo que hace que la participación de fuentes sustentables de energía sea bastante menor aún. Sólo Brasil registra un crecimiento en la participación de las renovables entre el 2002 y 2004 producto de diversas políticas de promoción aplicadas recientemente.
El año 2006 mostró en Argentina un escenario en materia de renovables dominado por las expectativas generadas por los biocombustibles. Una enorme cantidad de anuncios y proyectos, por lo general vinculados a sectores rurales, y que ya han generado diversas advertencias acerca de su sustentabilidad y capacidad real de crecimiento. En el 2005 se aprobó una ley nacional específica que establece que a partir del 2010 todo combustible comercializado deberá ser mezclado con un porcentaje del 5% de biodiesel o bioetanol. Esto abre un panorama lleno de interrogantes para los próximos años. Las entidades vinculadas a la promoción de estos combustibles no mostraron gran entusiasmo por el texto definitivo de esa ley lo que genera algunas dudas sobre su verdadera efectividad.
Algo similar, o quizás más preocupante aún, a finales del año 2006 se aprobó una ley de promoción de fuentes renovables para la producción de energía eléctrica y que tuvo una fría recepción entre las empresas y organizaciones empresariales vinculadas a esas fuentes de energía, entre ellas, la eólica. Es esta otra señal que muestra el divorcio entre el mundo real de las energías renovables y lo que el mundo “político” produce con asiduidad, gestos y anuncios que difícilmente se traduzcan en políticas activas y que generen verdaderos cambios. De esa ficción se nutren la mayor parte de las “medidas” que se publicitan en materia de energías renovables en Argentina.
Una película como “Una Verdad Incómoda” (2006) debería ser una poderosa fuente de inspiración para la clase política local, pero todo indica que ésta se encuentra muy ocupada en bloquear iniciativas legislativas tendientes a reducir la deforestación, en aprobar presupuestos para abrir plantas de carbón, reactivar un anacrónico plan nuclear y fortalecer subsidios y promociones a la industria del petróleo.
Así ingresamos en este nuevo año, en un planeta más caliente y más vulnerable, pero debemos saber que existen las soluciones y que debemos ponerlas en marcha urgentemente. El explosivo desarrollo de la energía eólica a escala global es una muestra elocuente de lo que es posible en materia de innovación y cambio tecnológico. El trabajo verdaderamente difícil es hacer que tales ideas entren en las cabezas de quienes toman decisiones. Difícil pero impostergable.








