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1 de Abril, 2008

Bioenergía: mucho más que biodiesel de soja.

Lic. Maria Eugenia Testa.Lic. M. Eugenia Testa
Unidad Política
Greenpeace Argentina

A partir del 2008 los residuos orgánicos que tengan como destino final el Complejo Ambiental Norte III generarán energía eléctrica para su conexión a la red nacional a través de la producción de biogas. Este proyecto será el emprendimiento más importante llevado a cabo en nuestro país en cuanto al aprovechamiento de la basura para la generación de energía eléctrica. Este es un ejemplo de las buenas oportunidades que ofrece la bionenergía, sin las complicaciones e incertidumbres que otras variantes mucho más publicitadas nos ofrecen.

El proyecto a cargo de una Unidad Transitoria de Empresas (UTE) argentina, brasilera e italiana, se basa en la transformación del gas metano (CH4), producido por los residuos, en energía a través de la descomposición anaeróbica de la basura dispuesta en el relleno sanitario. El proyecto apunta a la extracción, captura y aprovechamiento energético de estos gases que, de no ser tratados y transformados en energía, se emitirían en su totalidad a la atmósfera contribuyendo al calentamiento global.

Los residuos sólidos urbanos poseen una gran proporción de materia orgánica (biomasa) la cual, separada del resto puede ser utilizada para generar biogas, un combustible útil tanto para generar calor como generación eléctrica. De esta forma se soluciona el grave problema de la contaminación en rellenos y basurales, se evita la emisión de gases de efecto invernadero y al mismo tiempo que se produce energía. El proyecto mencionado procura, con altas chances, calificar dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) del Protocolo de Kyoto.

La biomasa es hoy la fuente de energía renovable con mayor participación a escala global, cerca del 10% del total, básicamente debido al uso tradicional de la leña en los países en desarrollo. No obstante, la bioenergía abarca desde la simple quema de leña a la utilización de cultivos con el objetivo de obtener combustible, o la producción de combustibles líquidos y gaseosos a partir de diversos materiales celulósicos. Hoy día, los modernos usos de la biomasa para generar energía se están incrementando debido a las preocupaciones vinculadas al cambio climático, a los precios del petróleo y a la seguridad en el suministro energético.Por lo tanto cuando hablamos de “bioenergía” hacemos referencia a una enorme variedad de tecnologías para producir energía. Lamentablemente, hoy en día, el debate en la Argentina está focalizado erróneamente en sólo dos aplicaciones: biodiesel (soja) y bioetanol (maíz).

Ante las graves consecuencias del cambio climático, y el precio en alza del petróleo, los biocombustibles se están presentando a nivel mundial como la solución que permitiría dejar de depender de los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas) y pasar a utilizar otros elementos en apariencia más amigables con el medio ambiente. Pero la producción de estos ya está generando debates a nivel mundial, donde los expertos de todo el mundo alertan sobre las consecuencias sociales y económicas de los biocombustibles, así como también los enormes impactos ambientales que ya están provocando.

La mayor preocupación en torno a los biocombustibles producidos a partir de cultivos energéticos se debe a los posibles impactos ambientales y sociales vinculados al incremento de su producción. En especial, aquellos que están asociados al desarrollo a gran escala para ser utilizada en el transporte como es el caso del biodiesel de soja. El crecimiento en la demanda de las materias primas como la soja y el maíz conllevarán necesariamente un aumento de la superficie de cultivos generando nuevos procesos de deforestación y desplazamientos de otros cultivos y actividades agropecuarias.

Todo hace suponer que en el corto plazo la mayor parte de los biocombustibles líquidos se obtendrán de cultivos como la colza, el maíz, la soja o la caña de azúcar. El bioetanol en base al maíz y el biodiesel basado en la soja tienen un balance energético pobre que, en el caso de la soja, se agrava porque su cultivo ha impulsado la deforestación, lo que ha provocado un aumento de las emisiones por pérdida de masa forestal, situación que acentúa su bajo rendimiento ambiental.

Sumado a ello debemos agregar que no hay en nuestro país una política para acompañar la introducción de los biocombustibles con medidas de ahorro energético y eficiencia en el sector transporte, y tampoco existe una política nacional de incentivo a la investigación y al uso de las nuevas tecnologías para la producción de energía a partir de la biomasa, lo cual permitiría diversificar nuestra matriz energética altamente dependiente de los combustibles fósiles.

Nuestro contexto energético no es nada alentador, debemos comenzar a hacer uso intensivo de las múltiples posibilidades que nos brinda la bioenergía aumentando su participación en la oferta energética nacional desde el 3% actual. Las principales aplicaciones deben ser los usos estacionarios de la misma (electricidad, vapor) por ser los más eficientes. La correcta gestión de los residuos sólidos urbanos debería incluir una fuerte apuesta por la utilización del biogás, como es el caso del proyecto mencionado.

Para establecer una política nacional de uso de la bioenergía que sea consistente en materia energética y ambiental se deben eliminar totalmente todos los beneficios establecidos en la Ley 26.093 (Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles) a la producción de biocombustibles que tenga por destino la exportación, así como los beneficios o promociones otorgados a nivel Provincial a las inversiones destinadas a la exportación de estos biocombustibles.

Por otro lado, la Ley establece la obligatoriedad de la mezcla de 5% de biodiesel y bioetanol para todos los combustibles comercializados domésticamente a partir del 2010. Esta meta solo debiera cumplirse aplicando estrictos criterios de sustentabilidad, seleccionando los cultivos con mejor balance energético y de gases de efecto invernadero. De otra forma la solución sería peor que el problema. La norma debe establecer un estándar de calidad que obligue que en el análisis de ciclo de vida de los biocombustibles se cumpla con una meta de reducción de GEI de al menos un 60 % comparados con el combustible que reemplazan como primer requisito para su producción.

Por último, la meta del 5% propuesta debe incentivar la utilización y desarrollo de los biocombustibles, como es el caso del biogás, de “primera generación”, que cumplan los criterios anteriormente citados, que impulsen el desarrollo de alternativas más modernas (de “segunda generación”), que eviten todo tipo de impactos ambientales y además no compitan con usos del suelo para la producción de alimentos. Desarrollar alternativas diversificadas y más eficientes que el biodiesel de soja y bioetanol de maíz, que son las opciones menos efectivas desde el punto de vista energético y ambiental, y hoy concentran la atención de los medios y la mayor cantidad de inversiones.

El pequeño ejemplo de la generación eléctrica en base a biogás en el Complejo Ambiental Norte III, es una muestra de lo mucho que deberíamos estar haciendo en materia de bioenergía si el desafío energético y climático fuese el verdadero motor de las inversiones en esta materia. Nada de eso ocurre hoy, eso es evidente en los millones de dólares que se están invirtiendo actualmente en plantas de biodiésel para la exportación.

www.greenpeace.org.ar



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